Te enseñamos cómo vencer a las altas temperaturas y disfrutar de un sueño reparador.

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Las noches de verano pueden convertirse en un verdadero infierno (nunca mejor dicho) por la elevada temperatura que hay en esta época del año. Vueltas y vueltas en la cama sin pegar ojo y con el cansancio acumulado de toda la semana.

Aunque hay diferentes puntos de vista, por norma general, la temperatura recomendada para dormir oscila entre los 18º y los 24º. Esta temperatura se aleja mucho de ciertas regiones de nuestro país, donde las noches sobrepasan con creces los 30º.

Frente a esta situación, ¿qué alternativas tenemos? No hace falta que cojas las maletas y te mudes al Polo Norte; con estos trucos vas a notar cómo mejora tu descanso y se alargan las horas de sueño. ¡Empezamos!

1. Haz ejercicio físico por la mañana

El deporte, como sabes, tiene que estar presente en nuestras vidas durante todo el año. El verano no es una excusa para dejarlo, pero sí debemos tener en cuenta que, si realizamos ejercicio durante la tarde, puede que nos cueste conciliar el sueño.

Hacer ejercicio es una actividad estimulante que activa nuestro cuerpo y despeja nuestra mente. Por eso, si lo realizamos a última hora de la tarde, puede darnos una energía extra que no necesitamos para lo que nos queda de día, cuando necesitamos que nuestro organismo esté más relajado para favorecer el descanso.

Lo mejor es que realicemos deporte a una hora temprana del día. Recuerda que debes evitar las horas de máxima exposición solar.

Mujer de mediana edad haciendo deporte por la mañana

2. Activa el ventilador (mejor que el aire acondicionado)

Aunque hayamos estado todo el día con las persianas bajadas y las ventanas cerradas para evitar que el calor se colase por las rendijas, puede que sigamos sintiéndolo en nuestra habitación. Lo más normal es que necesitemos un poco de ayuda externa, como un ventilador, que nos proporciona ese extra de aire y alivio cuando nos echamos en la cama.

También podemos utilizar el aire acondicionado, para enfriar la habitación unos minutos antes de meternos en el dormitorio. No se recomienda que tengamos encendido el aire acondicionado toda la noche, ya que este flujo de aire frío produce sequedad en el ambiente y puede provocarnos dolores de garganta y resfriados.

3. Prepárate una cena ligera

La alimentación es, como en todas las ocasiones, clave para que nuestro organismo funcione bien. Cuando hemos ingerido comidas pesadas, especialmente por la noche, nuestro estómago requiere de más sangre para poder realizar la digestión. Este incremento de la sangre provoca un aumento de la temperatura en nuestro cuerpo, que no favorece la conciliación del sueño. Además de elevar nuestra temperatura, las cenas copiosas nos producen una sensación de pesadez e hinchazón en el estómago que, de ninguna manera, va a reconfortarnos. 

En nuestras cenas, debemos evitar las grasas saturadas (como los embutidos y el queso) y los fritos. Tampoco es aconsejable que optemos por ciertas verduras que pueden producir gases, como la lechuga o las coles. 

Lo mejor es que nuestra cena contenga una parte de proteínas (pescado, legumbres, huevo, etc.), una parte vegetal (calabaza, tomate, pepino, etc.) y otra de grasas saludables, como el aguacate o los aceites vegetales. Es muy importante que controlemos las cantidades, pues será clave para realizar una perfecta digestión.

4. Date una ducha tibia antes de irte a dormir

Sí, decimos ‘tibia’ y no ‘fría’ porque si nos duchamos a una temperatura muy baja va a ser contraproducente. Tras una ducha de agua fría, nuestro cuerpo reacciona generando más calor para no perder la temperatura corporal que teníamos, y la sensación de frescor nos durará muy poco.

Sin embargo, si optamos por una ducha tibia o caliente (pero no excesivamente), nuestro organismo va a trabajar para bajar la temperatura corporal, por lo que conseguiremos aliviar la sensación de calor durante más tiempo que si lo hiciéramos con agua fría.

Hombre de mediana edad durmiendo en verano

5. Duerme con ropa ligera

Aunque este truco parece obvio, no todo el mundo conoce los tejidos que facilitan la transpiración de la piel. Los tejidos naturales son ideales para este objetivo, y el algodón es, quizás, el más buscado. Es perfecto para el verano porque no se pega a la piel, no retiene el calor y permite que el sudor se evapore más rápido.

Hay dos tejidos que le pisan los talones: la seda y el satén. Son conocidos por su tacto suave y delicado, y su apariencia sofisticada. Pero no solo son agradables, cómodos y frescos, estos materiales son perfectos porque hacen que transpire el aire y el sudor.

Además de nuestro pijama, es aconsejable que nuestra ropa de cama también esté hecha de estos tejidos para asegurarnos un profundo descanso, sin que el calor nos robe un solo minuto de sueño. 

No lo olvides: practica deporte durante todo el año


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